En la isla paradisíaca de Paraty, en Brasil, Marcio Kogan ha realizado uno de sus proyectos más logrados.  A la vivienda se llega en barco hasta la playa que hace las veces de recibidor de invitados, subimos y cruzamos la piscina mientra vamos contemplando lo rotundos volúmenes de la vivienda, accedemos por la planta bajo y subimos a la planta primera donde se distribuyen los espacios principales.

La luz en esta zona es de 27 metro de largo en el que las carpinterías se ocultan logrando que la naturaleza entre dentro de la vivienda. Esta sensación que muchos arquitectos busca pero que casi nadie consigue. La vivienda se compone de dos volúmenes de hormigón visto suspendido en la ladera de la montaña orientados hacia el mar. La parte superior de la casa funciona a modo de observatorio para los habitantes. El tratamiento de los interiores con maderas tropicales, piedra y hormigón texturizado logra una armonía y calidez  difícil de ver últimamente en el viejo continente.  Esta casa es un proyecto  donde arquitectos y cliente logran un entendimiento que da como resultado una obra sublime.